lunes, 30 de agosto de 2010

Política de las Conspiraciones...

El tema de las conspiraciones es uno de los más intrigantes que el hombre investiga. El simple hecho de imaginar que las cosas no son como las pintan los medio de comunicación “oficiales” acarrea una ignición de dudas, cuestionamientos e inquietudes en el “populus”, en las población que duerme tranquila pensando que las personas que detentan el poder hacen los mayores esfuerzos para que tengan una vida armónica y pacífica. Sin embargo, la evidencia de que en realidad existe una “política de las conspiraciones” como podríamos llamarla, es abrumadora. En primer lugar, el hecho de que las Torres Gemelas que conformaban el Centro Mundial de Comercio colapsaran de la manera que lo hicieron, hace sospechar que eso fue movido por una mano interna en el gobierno de Estados Unidos, tal y como lo evidencia el video objeto de estudio en clase. Tiene, hasta cierto punto, sentido, el pensar que dichos ataques fungieron como escusa para fundamentar una invasión en países que resisten la inquisición yanqui como lo es Irak. Pero aún así se carecía de un motivo para invadir Irak directamente, por lo que se procede en primera instancia con Afganistán y la supuesta búsqueda del petrolero Osama Bin-Laden. Ese fue el primer paso para llegar a Saddam Hussein, líder de Irak, férreo enemigo de los gobiernos norteamericanos. Sin embargo, el gobierno de George W. Bush no contaba con que en verdad el mundo se dividiría entre los que creen que en realidad se estaba luchando contra el terrorismo, y los que creen que fue una burda escusa, risible y poco inteligente, de llegar a los yacimientos de petróleo que tienen tanto los estados de Irak como de Afganistán. Como fueron los hechos, talvez nunca lo sabremos, lo que sí es seguro, es que en la memoria del mundo permanecerá por siempre la incertidumbre acerca de la verdadera cara de los gobiernos y sus políticas de “seguridad nacional”



Una conspiración de la cual no se describió en el video, es la de los contactos del gobierno estadounidense con los entes extraterrestres. Es, en definitiva, una de las mayores conspiraciones de la historia de la humanidad. La evidencia y los testimonios de las personas que han tenido una experiencia del “tercer tipo” son abundantes. Podemos remontar el inicio del desmoronamiento de la gran mentira del gobierno yanqui a los eventos de Roswell, Nuevo México, en la década de los 30. El gran accidente de una nave espacial en el desierto de Nuevo México, cerca de la conocidísima base militar denominada “Área 51” marcó un hito, y un reto para el gobierno estadounidense para ocultar que, en verdad, se tiene contacto con seres de otros mundos. Los numerosos avistamientos en diversas partes del mundo, la tenencia de trozos de naves que han colapsado contra el suelo terrestre nos hace pensar que no estamos solos es este universo, y que se niega a la población de datos certeros acerca de la actividad OVNI en el planeta.


Finalmente, el asunto relacionado con Jesucristo. La Biblia no es un libro que reseñe una historia en el sentido formal de la palabra, sino es más bien el relato del plan divino para la salvación de los hombres por parte de Yahvé, así como también lo son el Corán, la Torah judía, o el mismo Popol-Vuh. Que las similitudes entre Jesucristo y los dioses egipcios son abundantes, pues bien, que cada bien interprete como su conciencia y su fe le digan que interprete, pero ese intento de poner en entredicho la existencia de Jesucristo en la historia es completamente risible. Intentar desaparecer la figura de Jesús, ya sea como Mesías Redentor, como el Hijo de Dios Vivo, el Hijo del Hombre, o bien, como lo es para otras religiones como la musulmana, como un simple profeta, o para la historia como ciencia, como un simple hombre, agitador de masas, gran predicador y orador, con la capacidad de mover los sentimientos de la gente, es una burla a la inteligencia de las personas. Como digo, que cada quien interprete y crea lo que quiera, pero estas “calumnias” no hace más que fortalecer la fe de los creyentes, sea cual sea su denominación: católicos, evangélicos, etc.